Por un momento creí entender una vieja letra de rock, iba como todas las tardes caminando, pasando entre la gente. Caminando sin apuro por la calle. Creo que estaba pensando en mí. De repente una mujer cargando bolsas de supermercado llamó mi atención. Tendría unos cincuenta años, el calor le hacía exhalar largos suspiros y en su frente brillaban gotas de sudor. El pelo corto teñido de rubio, los brazos gruesoa, la mirada cansada, las manos llenas de anillos. No había en ella nada llamativo, sin embargo no podía dejar de mirarlae imaginar su vida. ¿Para quién seran todas esas compras? ¿ Habría un marido esperándola en su casa? ¿Sus hijos estarían en ese momento en el coelgio? ¿Tendría cuentas que pagar en alguna mesa de luz? ¿Dormiría bien? ¿Sentira miedos, angustias? ¿ Se vería bonita? ¿Se creeria fea? ¿Estaría aburrida? ¿Sería feliz?. Tantas ppreguntas posibles detrás de esos ojos cansados. Luego vi a un hombre de unos cuarenta años saliendo de un edificio de traje y portafolio, mirando todo el tiempo hacía los costados. ¿En qué pensaria? Miró su reloj y se pasó su mano por la cabeza ¿Estaria apurado? ¿ Atrasado? ¿Conforme con lo que hace? ¿Sería eso lo que soñaba cuando era chico? ¿Qué sueña ahora por las noches? ¿Tendría amigos? Más tarde a una joven, linda, arreglada, con el pelo recogido, hablando por un celular mientras no dejaba de mascar chicle. ¿Estaría enamorada? ¿Lo habría estado alguna vez? ¿Sería una buena persona? ¿Se aburriría las tardes de domingo? Y a un policía, parado en la esquina, mirando pasar las nubes. ¿En que pensará un policía? ¿Con qué sueña? ¿Con atrapatar ladrones? ¿Tendrá hijos? ¿Les comprará muchos juguetes? ¿Habrá una esposa que duerme intranquila por las noches esperándolo? Miraba a cada persona, y todas cargaban un sinfín de historias, de momentos y horas vividas, de sueños no cumplidos, de remordimientos y trsitezas, de amores y odios, y de atardeceres, abrazos, trompadas, corridas, sustos, gritos, lágrimas, canciones, enfermedades, caricias, juegos. Tanta gente, tantas historias, tanta vida. Entonces me acordé de un tema de Luis Alberto Spinetta llamado "Todos estos años de Gente". Un tema melancólico y pulso lento, que no me gusta ni más ni menos que otros, y que ni siquiera es de los que mejor conozco, pero esa frase, "Todos estos años de gente" me pareció en ese momento tan cierta, tan verdadera, tan real, con todas esas personas que pasaban junto a mí, todas llevando cientos , miles, millones de problemas, frustaciones y sentimientos. Y todos los que estuvieron antes, y los que vendrán después. Tanta gente. Y se me hizo pesado. Se me hizo pesada la humanidad. Tanta gente y yo también. Tantas historias y la mía también. Tanto dolor y el mio también. Y sentí todo sobre mis espaldas, todo. Cada hombre, cada mujer, cada niño. Se me tornó como un huracán de ojos que lloraban, bocas que sonreían, manos que temblaban, miradas ilusionadas, todas cayendo sobre mí. Un estallido de sentimientos, demasiados sentimientos. Demasiados. No puedo asimilarlos. Por un instante entendí, viví en carne propia, lo que la frase "todos estos años de gente" quería decir. Lo entendí de una forma que las palabras no llegan a explicar.


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